domingo, 11 de diciembre de 2011


CRECIENDO EN FE

“Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud, a la virtud conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; y a la paciencia, piedad”.
2 Pedro 1-5-6
La vida cristiana como se le llama en La Palabra de Dios es una carrera, cuya meta son las recompensas y coronas que vamos ganando, para cuando estemos frente al Trono de Dios, poder arrojar a los pies del   divino cordero.
La meta no es la Salvación, pues la Salvación la tenemos desde el momento que recibimos al Señor y solo por su gracia y misericordia; pero si es allí, donde comienza nuestra carrera, el punto de partida y la primera corona que debemos conquistar es precisamente la fe.
La fe es para nosotros y para Dios es el don más preciado.  el que nos esforcemos por alcanzar cada día y del cual se desprenden otros dones; sin embargo es un don que es no solamente difícil de entender, sino también difícil de alcanzar.
Todos hemos escuchado decir que la fe viene por el oír y el oír la palabra de Dios y uno se imaginaria que con ir a la Iglesia todos los Domingos y escuchar la Palabra de Dios ya esa fe por pequeña que sea que tenemos, va a crecer y si, realmente es así, La Palabra de Dios es el agua viva que hace crecer la fe en la tierra de nuestro corazón, pero me temo que no es suficiente sino toca nuestro corazón,  si no se grava en nuestra mente, si no rompe ataduras, si no penetra en nuestro ser hasta la medula de los huesos,  si no causa quebrantamiento, dolor y muerte del yo-personal;  porque es necesario que sea así, que seamos quebrados, quebrantados, demolidos y derrotados, para que nuestro hombre interior, es decir el Espíritu se fortalezca; es necesario que seamos una tierra ablandada con el agua viva de la palabra y literalmente desechos, para que el gran alfarero que es Dios, nuestro Padre Celestial y Jesús nuestro Salvador, puedan volvernos a formar y restablecernos conforme a su perfecta voluntad, volviéndonos vasos útiles en sus manos, que podamos ser usados por El, que podamos ser sus manos, sus pies, su boca y sus oídos.
Es necesario pues que crezcamos en fe, que doblemos nuestra rodilla y que por difícil que sea nuestra situación, levantemos nuestros brazos para adorar, para alabar, para darle gracias.
Dios ha estado trabajando en mí en esto de la fe, especialmente estos dos últimos meses, orando y clamando a Dios por mas fe para la solución de todas mis necesidades y tuve que llegar hasta el límite de lo que yo creía seria como un abismo, para reconocer que ya no podía más; reconocer que soy impotente para manejar mi vida y convencerme que lo que creía bueno y deseable para mi vida, se convirtió en una pesadilla que minó  mi auto-estima y me postró en lecho de humillación hasta hacerme creer que yo no valía y no servía  para hacer lo que hacía.
¿Pueden imaginarme sentada en mi cama con el rostro inclinado, mis ojos llenos de lágrimas de indignación y mi rostro entre mis manos, diciéndole al Señor: “Ya no puedo más, por favor ayúdame porque te necesito”.? Luego me acosté y en la madrugada como a eso de las 3:00 a.m. El Señor me despierta, con una lucidez increíble, muy tranquila,  con el regreso de la paz de Dios en mi corazón y la certeza de cuan valiosa soy para Dios, de cuanto me ama y la seguridad y confianza de que Él nunca me abandonara. Ese mismo día tome la decisión de “cortar” con mis ataduras y volver a sentirme libre, relajada y feliz.
Lo que me ayudo fue Dios mismo a través de su Espíritu y de eso quiero hablar: hace  15 años tuve un encuentro personal con Jesús y cambio mi vida, pero en esta etapa de mivida, necesitada y sedienta de fe, tuve un encuentro personal con el Espíritu Santo y puedo decirles que fue como un nuevo encuentro con Dios, bueno, esta vez con su Espíritu; me desperté completamente renovada, relajada, feliz, con una llenura de paz, amor y gozo y dispuesta a CONFIAR en Dios. Si él pudo transformar mis lágrimas en gozo y levantar mi ánimo y mi auto-estima, disipar mi miedo y fortalecerme para que yo diera ese paso de fe, El podría también hacerme crecer en fe y con fe, TODO ES POSIBLE.
Necesitamos un encuentro personal con Jesús y con El Espíritu Santo, para crecer en fe y no te garantizo que todos los problemas se van a solucionar, o que vas a dejar d sufrir, pero Si, que El, va obrar en tu vida, en tu corazón, en tus sentimientos y te va levantar, y te va a dar la fuerza que necesitas para tomar las decisiones correctas y no olvidar quien eres, a pesar de que el enemigo siempre trate de destruirte, de desanimarte, de aniquilarte. TENEMOS A CRISTO, QUE NOS LLEVA DE SU MANO, DE VICTORIA EN VICTORIA.

Y  me despido recordándote que La Palabra de Dios es lámpara a nuestros pies y lumbrera en nuestro camino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario